#1 - El origen

Conocer el origen del hombre y su historia es esencial para comprender la literatura, ya que esta no solo refleja las inquietudes, valores y conflictos de su tiempo, sino que también es un diálogo constante con el pasado. La literatura, como producto cultural, está profundamente influenciada por los contextos históricos, filosóficos y religiosos de cada sociedad, lo que la convierte en un testimonio invaluable de la evolución humana. En la construcción de una Biblioteca Total, que aspire a abarcar las manifestaciones literarias universales, es fundamental entender las raíces comunes y los desarrollos divergentes de las culturas, pues esto permite interpretar las obras en su complejidad y apreciar cómo dialogan entre sí. Este enfoque integral enriquece la lectura, a la vez que ofrece también una visión más profunda de la humanidad y de los cimientos que sustentan nuestra identidad colectiva. 

Antes de la historia

El primer periodo de la edad de piedra es el Paleolítico. La primera gran evolución del hombre arrancó hace, aproximadamente, unos 2,5 millones de años y duró hasta hace 10,000 años a.C. Durante ese periodo, el primer homínido se convirtió en homo habilis, luego en homo erectus, más tarde en neandertal hasta llegar a ser el homo sapiens. Cazadores, recolectores y pescadores, subsistían mediante la explotación directa del entorno natural. Utilizaban las lascas (pedazos de piedras) para hacer bifaces, unas piedras talladas de doble cara con punta y filo que servía para todo: cortar, cavar, raspar, golpear. La necesidad de buscar alimento los reunía en bandas o clanes, organizándose para cazar y recolectar frutos. En ésta época aparecen las primeras expresiones de espiritualidad, los entierros rudimentarios de sus muertos, el culto a la naturaleza y, en algunos casos, posibles creencias en espíritus o de la vida después de la muerte. También, en este periodo, se datan las primeras expresiones artísticas: pinturas rupestres en cuevas (Altamira, Lascaux) y esculturas, como las venus paleolíticas asociadas a la fertilidad. El fin de la última glaciación, hace unos 10,000 años, tuvo un gran impacto en la naturaleza: el planeta se volvió más cálido, más fértil y más estable. Estaban dadas todas las condiciones para el inicio de la agricultura y la ganadería.

Aquí se traza la línea que da comienzo al Neolítico. La domesticación de plantas (trigo, cebada, lino) y de animales (ovejas y cabras) se convierte en la pieza que nuclea la organización social: se forman asentamientos permanentes, las aldeas. Se crea una división de trabajos y se establece una rudimentaria jerarquización social. Cuentan con más herramientas a disposición: piedras pulidas, azadas y hoces que hacen con huesos y molinos de mano hechos con piedras. Usan la cerámica para almacenar los alimentos. Tienen rituales más organizados y cultos relacionados con la fertilidad (deidades femeninas), con los ciclos agrícolas y las fuerzas naturales. De aquellos dibujos en las cuevas se ha pasado a decorar todo tipo de cerámicas y se han levantado monumentos megalíticos (dólmenes, menhires, crómlech, como Stonehenge) relacionados con prácticas religiosas. 

El descubrimiento del cobre va a tener un efecto transformador, iniciando progresivamente a la humanidad en la Edad de los Metales. Primero fue el cobre, martillado en frío y más tarde fundido. Después se hicieron las primeras aleaciones de cobre con estaño, que inauguró la Edad del Bronce (fechada en 3,300 a.C.). Con el bronce (más resistente y duradero que el cobre puro), se mejoraron las herramientas, las armas y los objetos ceremoniales, lo que significó una evolución en agricultura, en la guerra y en la vida cotidiana. Más tarde, hacia el 1,200 a.C. se descubriría el hierro, pero su trabajo requería temperaturas más altas y era una tecnología difícil de dominar. El hierro hizo que las herramientas fueran más baratas y accesibles. 

Otro punto fundamental del paso del Neolítico a la Edad de los Metales va a ser propiciado por la acumulación de excedentes agrícolas. La comunidad había logrado acopiar alimentos, que ahora había que distribuir de manera razonable, lo que supuso nuevas jerarquías sociales. Además, ya no hacía falta que todos se dedicaran a la búsqueda de alimentos, por lo que algunos miembros de la comunidad pudieron dedicarse completamente a la metalurgia. Las nuevas condiciones favorecieron la multiplicación de personas y redujeron la mortalidad, así que unos miles de años después, las primeras aldeas se convirtieron en ciudades, y más tarde, comenzaron a intercambiar productos, dando paso a una expansión del comercio. Son conocidas de esta época las rutas del estaño, que conectaban Cornualles (Reino Unido) con Oriente Próximo.

Las primeras escrituras

Es una convención situar el punto de partida del desarrollo de la escritura en Sumer, hacia el 3.100 a.C. Allí se encontraron unas tablas de arcillas con símbolos en formas de cuña trazados con estiletes. No se han hallado otros sistemas de escrituras como tal, más antiguos.

Del Paleolítico sí que se rescataron tallas en huesos y piedras y algunos patrones geométricos (líneas, puntos, espirales) dibujados en cuevas, como los grabados encontrados en cuevas de Sudáfrica, y probablemente con una antigüedad cercana a los 100 mil años. Estos símbolos podrían haber servido como marcadores de eventos (como calendarios primitivos), señales de caza o sistemas mnemotécnicos, aunque no hay ninguna prueba certera de que esto sea así.

Mas acá en el tiempo aparecieron los símbolos de Jiahu (marcas en caparazones de torgua) o los sellos de cerámica de Çatalhöyük. Y todavía más cerca, están las tablas de Tărtăria, descubiertas en Rumania. Se trata de unas pequeñas tablillas de arcilla con signos abstractas del 5.500 a.C. Algunos investigadores creen que los signos representan un sistema simbólico o ritual.

Sin embargo, el punto de partida, como dijimos antes se ubica en Sumer (actual Irak). Al parecer, los textos recuperados van desde registros contables o comerciales a textos literarios y religiosos.

Así, la escritura, nacida de la necesidad de registrar y organizar, se convierte en la herramienta clave para el desarrollo de las primeras civilizaciones. Sumer, con su sistema cuneiforme, marca el inicio de una nueva era donde el lenguaje escrito no solo registra datos, sino que también perpetúa ideas, creencias y culturas. Nuestro siguiente destino serán los sumerios, esa enigmática civilización que no solo dio origen a la escritura, sino que sentó las bases de la organización social, política y cultural que definiría a las grandes civilizaciones de la Antigüedad.

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